No todas las anécdotas tratan de los clientes y las curiosidades que ocurren en un restaurante. La vida de un restaurante comienza mucho antes de abrir sus puertas y mucho después de su cierre. Es casi una vida completa.

En realidad, consiste en entregarse al servicio de la restauración y hacer de esas horas las mejores de tu vida. Te encuentres como te encuentres. Esa era la esencia de La Pepa, aunque su verdadero nombre es Pepe.

Era (aunque en realidad es, porque aún sigue vivo) multifacético: encargado, responsable de sala, profesor de cocina Thai, recepcionista, Maître, etc, etc, etc. Pero, sobretodo … amaba Thai Garden y comenzamos juntos esa aventura hace ya 25 años.

Completamente perturbado, La Pepa ha dejado huella en todos los Thais que han existido por el mundo. Él comenzaba conmigo cada nuevo proyecto. Su dedicación y cariño lo hacían temible ante los nuevos camareros. Daba igual el idioma en el que hablase, todos le temían. Siempre.

Sabía animarnos a todos y sus frases aún se recuerdan entre el personal, entre los clientes, en la sala, en la cocina, y en cada muro de cualquier Thai Garden. Con La Pepa cada día era anecdótico. Cada momento era gracioso a pesar del duro trabajo. Lo que os voy a contar a continuación quizá sea apropiado, tal vez no…  Pero, desde luego define muy bien cómo era él…. Y cómo sigue siendo…

Debido a su tendencia a engordar, La Pepa vivía inmerso en dietas absurdas que le hacían perder peso y a la semana siguiente recuperarlo con gran rapidez. Sus tallas fluctuaban tanto que su uniforme era absolutamente impredecible. Siempre estaba impecable y había uno en particular que le quedaba muy bien y con el que se sentía muy cómodo y favorecido. Una espectacular chaqueta de seda de 6 pliegues, acartonada, rígida y de estilo militar, aunque demasiado corta para poder apreciar el conjunto de la falda pantalón (Sarong) azul marino con bordados clásicos thai en hilo de oro, calcetín de media blanca y zapatos negros que siempre lucía impecables.

La Pepa no cupo en sí de gozo cuando se enteró por algún medio, (no sé muy bien si se lo vio en una revista o se lo comentó una clienta), que en USA vendían unas fajas con sujetador de lycra que estilizaban el cuerpo y daban mucho juego cuando se ganaban 3 tallas mas. La solución perfecta para estar… ¡Siempre esbelto!

Durante uno de mis viajes a Miami, vi en el escaparate de una tienda la dichosa Faja Sujetador (naturalmente diseñado para las mujeres) y decidí comprársela de inmediato. La faja era color rosa pálido y con encajes que hacían de la prenda algo mucho mas glamuroso a pesar de ser un verdadero espanto con tanto elástico y lycra.

La Pepa, fascinada con su nueva faja, la usaba a diario. Estuviera gorda o delgada, la estrambótica prenda se convirtió en un elemento imprescindible de su vestuario.

Recuerdo una anécdota en particular. En aquella época, La Pepa gozaba de una enorme felicidad como consecuencia de disfrutar de una de sus épocas en las que estaba más delgada. Esa noche había en el restaurante muchos comensales por atender, y su especialidad consistía siempre en tomar las comandas de las mesas con más de 4 hombres guapos.

En ese momento solía precipitarse sobre ellos y no había quien la detuviese. “ESA MESA ES MIA ….” Decía tajante e iba a por ella. Luego, tenía la costumbre de girarse para que nos diésemos cuenta de que ella estaba ahí y que era la mejor. Sin lugar a dudas, fue la mejor.

Ese día en concreto, mientras tomaba la comanda y gesticulaba, la falda pantalón se dio de sí precipitándose irremediablemente al suelo. La Pepa, no se percató de lo sucedido porque llevaba la faja tan ceñida al cuerpo que no sintió que había perdido parte de su uniforme. Sólo se tropezó ligeramente al abandonar la mesa pero debió dar por hecho que se trataba de una servilleta que se había caído al suelo… Total, que no se dio por aludido, y debió pensar que después de todo, para eso están los camareros, para recoger las servilletas que se caen. Con gran seguridad cruzó toda la sala. Muy digno y estirado, dejando atrás una sala repleta de carcajadas y risas al contemplar tal fenómeno con esa faja rosa de encajes. Un poco perplejo, se dirigió a mi y con su característica mirada de soslayo me preguntó: “¿Te pasa algo niña?”. Tan sólo tuve que bajar la mirada para indicarle el ridículo espectáculo que estaba protagonizando.

Instintivamente, levantó la mirada, observó y localizó su falda pantalón en medio de la sala…. A continuación, fue directo a recogerla, la cogió en sus manos, se dio media vuelta y en voz alta murmuró, “¡Estoy tan delgada!” Y desapareció de la escena…. Nunca le pareció divertido cuando lo contábamos de manera anecdótica. No entendía porqué era tan gracioso… Ay Pepa, ¡Esa imagen tuya con esa faja es imposible de olvidar! ¡Te extrañamos Pepa ¡

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