Thai Garden Sao Paulo se convirtió a las pocas semanas de su apertura en “EL” restaurante de referencia de la ciudad.

No dábamos abasto y la gran mayoría de nuestro equipo no hablaba portugués lo que complicaba aún más el servicio. Como director, tenía que dar la cara y proporcionar explicaciones a todos los clientes cuando las cosas no iban bien. Y para ser sinceros, en esos inicios, ¡Nada iba bien!

Esa noche en particular me encontraba abrumado por el evidente descontrol y una continua sucesión de desastres: platos equivocados, personal de barra ausente, comandas erróneas, clientela exigente que esperaba impaciente a ser atendida…

De repente, en medio de ese caos, un cliente me abordó con gesto firme, alterado y con una expresión de furia denotada por el rojo ardor de su cara. El caballero exclamó en portugués “YO PEDÍ una copa de vino tinto y NADIE me lo ha servido. YO PEDÍ un menú especial Kosher y me han servido Gambas y Cerdo. YO PEDÍ a alguien que hable y comprenda portugués y NADIE ha venido”.

En ese instante me quedé mudo ya que no sabía como explicarle que YO TAMPOCO hablaba un portugués perfecto. Intentando tomar las riendas de la incómoda situación me dije a mi mismo: lo mejor es hablarle rápido. Acompañarle a su mesa y dejarlo desconcertado como si mi portugués fuese de una región desconocida de Brasil y que en realidad él es quién no me entiende a mi.

Efectivamente, el buen hombre no entendió nada de lo que le dije, pero consintió que le llevase del brazo a su mesa, dónde le esperaban dos señoras. Le acomodé. Le serví la copa de vino y en muestra de educación flexioné mis rodillas para estar a la misma altura de los comensales (ya que la gente se siente más cómoda hablando al mismo nivel).

El pasillo que quedaba entre las mesas era muy estrecho y los camareros tenían que hacer auténticos malabares para circular. Entonces vi aparecer a Napoleón (nuestro camarero estrella de Thai Garden que estaba destinado a Sao Paulo durante unos meses) con una bandeja cargada de platos para una mesa que se hallaba detrás de la nuestra.

En un intento de esquivar obstáculos a ambos lados Napoleón colocó con gracia la bandeja sobre su hombro enganchando, mientras lo hacía, con su dedo meñique, la peluca de una de las señoras a la que yo me encontraba pidiendo disculpas .

Al darse cuenta del incidente y encontrarse de repente con una peluca en su mano su cara mostró espanto, asombro y sorpresa a partes iguales.

Napoleón no pudo contener un grito de horror y a continuación dejó caer todo lo que llevaba en la bandeja. Fue entonces y lo recuerdo como una dramática secuencia sucedida a cámara lenta, cuando observé la cazuela de curry verde deslizarse por la espalda de aquella mujer. Luego llegó hasta mi, que estaba casi de rodillas, mientras las empanadillas salieron volando hacia otra mesa.

Simultáneamente, una sucesión de ruido de platos, gritos y asombro de los clientes… Imágenes de camareros paralizados con la boca abierta. En pocas palabras, un auténtico horror.

Súbitamente el restaurante fue invadido por UN GRAN silencio. Napoleón reaccionó tras unos instantes de shock. Recuperó la peluca e intentó volver a colocársela a la señora… NO tengo palabras para definir esos segundos que en 25 años de profesión han sido de los más intensos que he vivido.

En ese momento sólo deseaba que la tierra me tragase. A mi alrededor TODO era una auténtica catástrofe. TODO sucedía a cámara lenta. TODO era una sucesión de mal a peor… Yo me encontraba tetanizado. Congelado. Sentía que iba a perder el conocimiento …. Cuando conseguí levantar la vista comprobé que la secuencia continuaba con esa señora que se intentaba recolocar la desastrosa peluca embadurnada de curry verde sobre su cabeza… Ella. Napoleón. Yo.

El hombre furioso del principio, los clientes… La noche entera estaba pálida. No quedaban palabras… Sólo las del hombre que se levantó bruscamente y dijo con gran enfado: “¡LA CUENTA!”

Describir lo que pasó a continuación sobra. Después de veinte años trabajando con Napoleón estoy seguro de que esa noche no la olvidaremos… ¡JAMÁS!

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