Imagínense lo que puede resultar de una mesa redonda de unas 8 o 10 mujeres de entre 30 y 45 años. Todas ellas preparadas con sus guiones, discursos y … sobretodo, con las víctimas a quienes van a destrozar con sus críticas durante esa noche.

Algunas de ellas casadas, otras divorciadas, unas prometidas, muchas con problemas de infidelidad y naturalmente, una única solterona harta de aguantar las múltiples psicosis de sus variopintas amigas.

Ahí estaban ellas. Hablando todas a la vez. Yo, llevaba unos 10 minutos de pié escuchando las diversas venganzas contra los hombres, las ex amigas, y las distintas técnicas y estrategias que utilizarían para descuartizar al enemigo. Pero, por mucho que alzaba la voz… Me ignoraban por completo.

Finalmente, me pronuncié: “¡Disculpen! ¡Perdóóón! ….. ¡Alooooooo! …. ¿Desean ustedes que les tome la comanda?” Y de repente…  Silencio… “¿Desean que vuelva dentro de 5 minutos?” pregunté solícitamente … “¡SIIIIIII!” contestaron al unísono. 

Al final, volví en 7 minutos y opté por gritar directamente y sin ningún tipo de reparo “¡LISTO! ¿QUE DESEAN CENAR? …” A partir de ese momento comenzó la parte más difícil ya que cada una tenía una dieta específica y casi resultaba necesario traer un libro de tres tomos para poder tomar la dichosa comanda. Ejemplo: Soy vegetariana, vegana, alérgica a los mariscos. No como salsas, ni ajos, ni tomates, solo pasta de arroz, etc etc etc.. Y lo mas importante y lo único en lo que todas coincidían: “¡Queremos un menú LIGERO!”

A continuación, lo más complicado: poner todo eso en marcha… ¡El sueño de cualquier cocina en hora punta! Cuando llegó el momento de pedir el vino y mientras todas estaban opinando sobre qué vino sería el más adecuado… Se creó súbitamente un intenso SILENCIO. En ese momento apareció Gerardo acompañando a una pareja a su mesa… Inmediatamente y por el semblante de aquellas mujeres me percaté de que algo no iba bien… El silencio se convirtió en tétrico.

Gerardo, ajeno a lo que estaba sucediendo a su alrededor condujo a la pareja, aparentemente de enamorados, a su mesa. El hombre fortuitamente cruzó la mirada con una de las mujeres del grupo y HORROR… ¡Era su mujer! La indignada esposa traicionada se levantó y en sólo 2 pasos llegó a la mesa romántica para poner punto final a la noche. Sólo dijo, “¿Pero como te atreves?” En ese momento, el hombre se levantó para pedirle a Gerardo que les cambiase de mesa. Yo, mientras tanto, seguía de pie en medio de este drama…  

La mujer retrocedió los dos pasos que había dado, y mientras se sentaba no dejaba de murmullar: “Menudo … Cab…” El silencio se rompió a los pocos segundos y comenzó a sonar algo muy parecido a un partido de boxeo donde alguien seguro que saldría herido…. En ese momento, envié a un camarero para que apuntase los vinos… y me eclipsé entre las mesas.

Nunca supe si la pareja de enamorados salieron vivos de ahí, de haberlo hecho , al hombre ,en su casa le esperaba “La noche de su vida” y a ella … una bella muñeca vudú clavada por todo el cuerpo!   

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